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La ciudad de los sueños

Stories4 de febrero de 2024

En Corea del Sur, una de las ciudades inteligentes más nuevas del mundo apuesta por la conectividad y la sostenibilidad. ¿Qué aplicaciones pueden tener estas nuevas tecnologías en el sector industrial?

La imagen de la ciudad del futuro a menudo peca de un exceso de ciencia ficción: coches voladores, teletransporte, pantallas holográficas y refulgentes edificios de acero y cristal son algunos de los tópicos de una cierta visión romántica de la vida urbana en el siglo XXI. Y algo parecido ocurre en el caso de la industria, que muchos imaginan dominada por los robots y la automatización.

Sin embargo, hasta la fecha la realidad es otra. Las grandes tendencias y los cambios de paradigma no están teniendo lugar en el plano individual, sino en las ciudades en su conjunto. En lugar de transformar nuestra forma de interactuar con el mundo, la tecnología está cambiando la forma en que el mundo interactúa con nosotros. En los últimos años, se ha abierto paso la idea de la ciudad inteligente. Y la ciudad coreana de Songdo es uno de los ejemplos más destacados de este concepto.

Songdo nació de la nada. En el año 2000, no era más que una zona de pantanos a lo largo del litoral de Incheon. Unos años y varias toneladas de arena y hormigón más tarde se creó una ciudad entera. Desde el principio la idea fue diseñar una ciudad inteligente, que incorporara todos los elementos asociados a la idea de una smart city.

«Lo más impresionante de todo es la mera existencia de la ciudad», asegura Colin Marshall, escritor y periodista afincado en Seúl. «Los arquitectos no solo consiguieron dejarlo todo a punto en un tiempo que en occidente no daría ni para ejecutar un solo proyecto, sino que además lo hicieron donde antes no había ni siquiera tierra».

Seguramente uno de los aspectos más impresionantes del proyecto es el relacionado con la sostenibilidad. Songdo cuenta con 106 edificios con la certificación LEED (Leadership in Energy and Envronmental Design), que garantiza la máxima eficiencia de una construcción en el uso de los recursos. Estos edificios consumen menos agua y tienen un impacto mínimo en las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, sus ocupantes pueden controlar fácilmente el uso de la energía, ya que un único panel en cada vivienda u oficina permite realizar un seguimiento y un análisis de todos los servicios.

Otra pista de la importancia que el medio ambiente tiene para Songdo la encontramos en la abundancia de zonas verdes. La ciudad está diseñada en torno a un gran parque central. «Así, la jungla de asfalto se convierte en un lugar más habitable», asegura Maria Teresa Bilotta, fotógrafa de visita en Songdo con motivo de un proyecto.

En la lista de innovaciones destaca también el sistema de tratamiento de aguas residuales. Aunque no forme parte de la cara más vistosa de la ciudad, el impacto del sistema en el medio ambiente y en sus habitantes es espectacular. En esta ciudad, los vecinos no tienen que depositar sus residuos en contenedores de reciclaje diferenciados, sino que el proceso funciona de forma totalmente automatizada una vez recogida la basura. El sistema recicla todo lo que puede reciclarse y transporta lo que sobra a otro lugar, con lo que acaba de un plumazo con los calendarios de recogida, los contenedores en la calle y los desperdicios. Además, bastan siete personas para gestionar todo el sistema, que tampoco necesita camiones de la basura.

Gracias al uso de sensores y dispositivos, la ciudad es un prodigio de seguridad y eficiencia. El sistema de control del tráfico permite ajustar los semáforos al volumen del tráfico, en lugar de los habituales temporizadores. Unos sensores instalados en el suelo detectan posibles terremotos y avisan a los vecinos. La policía puede controlar mejor los espacios y capturar a los malhechores gracias al vídeo en tiempo real. Y el alumbrado urbano puede regularse en función del número de viandantes e iluminar las aceras solo cuando es necesario para ahorrar energía.

Y no solo la ciudad está conectada, sino también muchas de sus viviendas: Cisco ha desarrollado un sistema de telepresencia que permite a los vecinos comunicarse entre ellos, compartir clases de yoga a distancia o incluso ir de compras.

Sin embargo, no ha sido todo un camino de rosas, ya que la población no ha aumentado al ritmo previsto, en parte a causa de la distancia respecto a Seúl, la capital. El esperado tren de alta velocidad puede contribuir a cambiar las cosas, pero a día de hoy hace falta más de una hora para desplazarse de una ciudad a otra, demasiado tiempo para muchos candidatos a abandonar la capital. «El exceso de novedad de Songdo impide disfrutar de las ventajas de la vida urbana que, según sus creadores, puede ofrecer», reflexiona Marshall. «Uno tiene la sensación de que crece deprisa, pero de forma desordenada». Y es comprensible, ya que se trata de una ciudad nacida de la nada en un lapso de tiempo muy corto. «Solo el paso del tiempo puede convertir Songdo en un lugar con una personalidad diferenciada», concluye.

Sin embargo, este proceso ya está en marcha. Aunque es solo un anticipo de lo que está por llegar, ya se han plantado las primeras semillas de esta identidad propia. «Cuando voy a Songdo», explica Marshall, «cada vez veo más la esencia de Corea filtrándose en ese diseño urbano internacional: las ancianas vendiendo pescado seco en el parque, las estatuas en forma de niño orinando en los canales, las extrañas formulaciones en inglés con acento coreano...». Todos estos elementos contribuyen a forjar la personalidad de Songdo, más allá de sus vanguardistas perfiles de acero y cristal.

Hasta ahora, y como experimento, la ciudad puede considerarse un éxito. Evidentemente, hay margen para mejorar y lecciones que aprender, pero, tratándose de una prueba piloto, los resultados son espectaculares. «La verdad es que se parece mucho a la idea de la ciudad del futuro», asegura Marshall.

Queda por ver todavía cómo reaccionan otras ciudades y empresas en el resto del mundo. A fin de cuentas, la experiencia de Songdo puede adaptarse y trasladarse a diferentes lugares, desde una planta de producción hasta un parque temático. Todo pasa por analizar los datos, sacar conclusiones y utilizar este modelo inteligente para que otros entornos puedan labrarse su propio camino hacia el futuro. Puede que el futuro no esté dominado por los coches voladores o los sistemas de teletransporte, pero seguramente viviremos en un mundo más inteligente, sostenible e increíblemente eficiente.

¿Qué es una ciudad inteligente?

Una ciudad inteligente es una zona urbana en la que la tecnología se utiliza para garantizar que todos los aspectos de la ciudad funcionen de la forma más eficiente y fluida posible y que la ciudad sea totalmente sostenible, de la mano de los macrodatos y el Internet de las cosas. Cada vez son más las ciudades existentes que están abrazando las nuevas tecnologías para convertir sus viejos barrios en espacios smart.

El distrito de negocios internacional de Songdo

La visión de Sandvik Coromant

El impacto real que pueden tener las ciudades inteligentes continúa siendo una incógnita, pero sus soluciones sin duda pueden servir de inspiración a diferentes sectores y empresas. A fin de cuentas, la inteligencia no está en la ciudad en sí, sino en la tecnología que hay detrás, y el principal motor de todos estos avances es el Internet de las cosas. Por eso charlamos con Jan Edvardsson, analista de mercado de Sandvik Coromant, acerca de cómo pueden aplicarse estos avances al ámbito de la producción.

«Ya hay muchos puntos en común entre estos dos mundos», asegura Edvardsson. «Al igual que las ciudades inteligentes y sus infraestructuras, la industria de la producción también tiene muy en cuenta el impacto del Internet de las cosas en los procesos y en la forma de trabajar».

El Internet de las cosas está cambiando el mundo que nos rodea y, combinado con los macrodatos, tiene un potencial enorme, según Edvardsson. En el caso de la fabricación, abrirá las puertas al uso de sensores para proporcionar a los usuarios datos de gran interés. «Los sensores también se utilizan en los entornos de producción», afirma. «Con CoroPlus podemos llevar un control de las herramientas de corte y las máquinas, transmitir los datos, procesarlos y analizarlos. Así, podemos optimizar todos los procesos y reducir los costes a largo plazo.

«El resultado es también un proceso de producción más sostenible», añade. «Gracias a la optimización, podemos reducir el tiempo de utilización de las máquinas y garantizar que se utilicen con la máxima eficiencia. La sostenibilidad es un parámetro clave y el Internet de las cosas es uno de los recursos más valiosos en este sentido».

Como suele ocurrir con las nuevas tecnologías, y muy especialmente con los dispositivos conectados, la seguridad es un aspecto prioritario. En el caso de las ciudades inteligentes, las infraestructuras deben estar protegidas de los hackers. Y lo mismo ocurre en los entornos de producción.

«Los desafíos son los mismos», reflexiona Edvardsson, «pero en el sector productivo la seguridad es una prioridad todavía más importante, ya que está en juego el bienestar de los empleados. Evidentemente, todos los productos de Sandvik se someten a las pruebas más exigentes para garantizar los máximos niveles de seguridad».

De momento no podemos adivinar el futuro, pero al igual que el concepto de ciudad inteligente tiene todos los números para terminar imponiéndose, las tecnologías que hay detrás transformarán nuestra forma de trabajar.


Francis Dignan
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